30 ago. 2016

LA CUESTIÓN DE LA NORMALIZACIÓN EN LAS RAMAS “PSI”.


LA CUESTIÓN DE LA NORMALIZACIÓN EN LAS RAMAS “PSI”.

Mtro. Henrique Ortega García.

Antes de comenzar aclaro que la idea de normalización se retoma desde la visión de M. Foucault.

Normalización según M. Foucault, comprendería el conjunto de jerarquías y regulaciones establecidas alrededor de una “norma” de distribución estadística, dentro de un determinado grupo: la idea del juicio basada a lo que es y normal y no lo es. Puesto que los objetos se construyen a partir de los discursos, son las prácticas institucionales y relacionales de poder las que les confieren el significado, En ese sentido, no sólo la psicología, sino todo el resto de aparatos jurídicos, médicos, educativos etc., configuran estas tecnologías que van definiendo y regulando la “normalidad”. Es decir que se desarrollan criterios y técnicas de supervisión para vigilar su adecuada realización y cuentan con los dispositivos necesarios para construir su legitimidad de definición (lugar desde el que se habla) y de intervención. En definitiva, de vigilancia a las capacidades de las personas.
M. Foucault (1982). Vigilar y Castigar. Madrid: Siglo XXI, 1975.

Hoy en día contamos con innumerables fuentes de acceso al conocimiento y al argot psicológico, psiquiátrico, psicoanalítico, así como de sus variantes analíticas y terapéuticas. Poco a poco el conocimiento se vuelve cada vez más del dominio público, por tanto, podríamos especular que esto es positivo porque la gente está más informada que antes… pero, ¿es realmente esto positivo? Veamos entonces un panorama a mayor profundidad.

Por principio habría que cuestionarse algunos puntos, por ejemplo: ¿Qué es lo que la gente conoce?, ¿De dónde obtiene esa información?, ¿Cómo la procesa? O, mejor dicho, ¿Cómo la utiliza?, y esto (no porque no existan más preguntas) nos lleva a plantear algo más complejo incluso.

En el imaginario social la medicina se ha encontrado en un lugar privilegiado, casi intocable y, por ende, quienes la ejercen. Hoy en día la psiquiatría, la psicología y corrientes terapéuticas como el psicoanálisis, hacen gala de ubicarse paralelamente a ese nivel, claro está, dentro de su ámbito de acción. Y esto nos lleva a la cuestión del poder y el control social, estas disciplinas basan su poder en la normalización, normativización y el control del conocimiento, utilizando la objetivación del individuo, esta última, como una herramienta más con la que cuenta para forzar esta homogeneización e imponer su hegemonía.

Recordando a Foucault, podemos añadir también el poder institucional y el poder disciplinario, los cuales generan discursos de poder, que, desde el ejercicio de la biopolítica, el biopoder y conjunto al análisis del discurso podemos observar cómo de acuerdo a éstos se genera una subjetivación del individuo a partir los diferentes grados de racionalización, códigos conceptuales y diferentes teorías, donde éste, recibirá el estatuto de enfermo o anormal.  

Basándose en la visión positivista que ha sido el pilar de la mayoría de los abordajes de las disciplinas “psi”, observamos como por medio de su visión dicotómica, han logrado polarizar y manipular el conocimiento. Desde estos binarismos fundamentales: normal/anormal y locura/razón, se llega a un reduccionismo, tanto en la forma en cómo se conciben las problemáticas asociadas a las cuestiones clínicas o mentales, y la forma en el cómo se abordan y se generan los tratamientos y las intervenciones, pero más allá de eso y más importante aún, es el cómo se concibe al colectivo de personas que están bajo el diagnóstico clínico/psiquiátrico de “enfermos mentales”. El continuo uso de estas prácticas ha llevado a que las instituciones controlen y regulen a quienes son diferentes (bajo la óptica de la normalidad), para poder ejercer un control social disfrazado, aparentando una ayuda a quien está “enfermo”. Si bien, gracias a estas instancias y muchas otras como los medios masivos de comunicación e instituciones moralistas y/o religiosas, se refuerza esta construcción social del anormal, del loco, quien bajo esas cuestiones deja de ser un individuo para ser producto de una subjetivación de las instituciones totales, con lo cual son un blanco perfecto para ser controlados y excluidos.

Con todo lo anteriormente expuesto no quiero decir que las instituciones, la psiquiatría, psicología, psicoanálisis, etc., no sirvan, sería bastante atrevido y demasiado absurdo decirlo, pero me parece que lo que no es funcional es el tipo de prácticas que se siguen ejerciendo hoy en día. Tal vez si dejásemos de lado cuestiones ortodoxas y reduccionistas, lograríamos un avance mayor y progresivo. Por lo tanto, me parece que es necesario cambiar la forma de concebir lo mal llamado “enfermedad mental” y dejar sólo de intentar hacer “nuevos programas de atención” y realizar una reestructuración más profunda que va desde la misma concepción del término enfermedad mental.

Podríamos extendernos aún más, por ejemplo abordando el tema de la psicologización de la locura y cómo por medio de ésta, la creación e invención de patologías nuevas continúan regulando y controlando el saber y los servicios de atención dentro del campo de la salud mental, también podríamos ahondar en temas acerca del poder y control que ejerce la psiquiatría aunado a los laboratorios farmacéuticos quienes supuestamente “trabajan” en pro de una “cura”… aunque más que eso, están en pro del dinero y en el cómo las instituciones con sus políticas públicas de salud pueden obtener beneficios.

Sabemos que la información (discursos), son necesarios y fundamentales, aunque aquí nos podemos encontrar con una encrucijada. Por un lado, la información y el conocimiento deben estar en poder y a favor de la gente, el asunto aquí, no es que se niegue este poder a la gente, el problema es, qué tipo de información se les proporciona, o más bien, cuál es el enfoque que se le da. Como hemos dicho, no es que el poder del conocimiento no sea otorgado o compartido, pero no debe compartirse solamente una parte o más bien, no dar información la cual sirve casi exclusivamente para que se queden enganchados a un paradigma y a prácticas hegemónicas que solamente contribuyen al estancamiento y retroceso.

Así, tenemos un gran reto desde la perspectiva profesional y académica de lograr que el manejo de la información se enfoque desde una perspectiva crítica, analítica; lo que presupone un estudio a fondo en todo esto. Problematizando lo ya establecido para generar nuevas aproximaciones.
Sabemos que los abordajes son reduccionistas, tendenciosos y no logran ver al sujeto de una forma integral. Aunque claro, hay que cuidar las formas en cómo se aborda, ya que, siempre hay que seguir un método y una epistemología que de cauce y coherencia a lo que se está intentando comprender y generar.